Eva y la Serpiente

Eva y la VíborEva

Eva y la VíborEva

Creo que todos hemos escuchado la historia bíblica de Eva y la Serpiente. Ubicada en el Libro del Génesis, afirma que gracias a que la Serpiente convenció a Eva de comer del árbol de la vida y a partir de ello y de poder “conocer el bien y el mal”, selló la suerte de la expulsión del Paraíso de los Primeros Padres.

Para muchos, el “pecado original” es el sexo: porque tras comer la manzana que la víbora ofreció “se supieron desnudos”. Esto es, para la interpretación más conocida, la pérdida de la inocencia está representada con la pérdida de la virginidad. Y por tanto, los mandamientos “más importantes” pasan a ser el sexto y el noveno; el que previene la fornicación y el que frena el adulterio. Y con ello, el uso de la religión como un “cinturón de castidad”, especialmente enfocado en la “pecadora” mujer. (Si Adán no le hubiera hecho caso, hoy el paraíso sería… ¡bueno! Ya se imaginan).

Pero recientemente me encontré una interpretación kabalista (si, de la Kabbalah, una rama mística judía que, en su sentido más literal, corresponde a una interpretación del Talmud -los libros sagrados- considerando que cada letra tiene un valor numérico y que, por tanto, el Buen Libro es un código sagrado desifrable). Perdón, ya me creció el paréntesis más de lo esperado. Reiniciemos…

Decía que recientemente me encontré una interpretación kabalista que dice que el pecado original NO es la sexualidad y ni siquiera la desobediencia. El pecado original es el chisme. Es el que la serpiente llegó a hablar de Dios y sus intenciones (“Les prohibió la fruta porque sabe que si la comen serán como él… No quiere que sepan… los está frenando” y cosas similares). Y el pecado de Eva no es morder la manzana: es creer el chisme.

Cuando, para colmo, unes el chisme con un prejuicio (como comentamos en una entrada anterior), tienes un caldo de cultivo formidable para deshacer la felicidad de quien quieras: del que habla, porque tiene envidia; del que es criticado, porque se ofende; y hasta del que escucha, quien pierde paz de alma y tiene que decidir si cree o no lo que se le dice. En resumen, es una de esas situaciones en las que, hagas lo que hagas, pierdes y entonces debes buscar la solución en que pierdas menos. Y esa “minimización de pérdidas” se logra al no escuchar rumores y darlos por ciertos. Si ya vas a trabajar en dejar de lado tus prejuicios, aprovecha y frena también los chismes. Te aseguro que vivirás mejor…

Imagen de hoy por Fabio Gismondi via Compfight

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