Papas Santos

Ciudad del Vaticano

Ciudad del Vaticano

Los católicos del mundo despertamos hoy con la alegría de dos nuevos Santos: San Juan XXIII y San Juan Pablo II. Ambos personajes fueron papas fundamentales en la historia de la Iglesia Católica durante el Siglo XX y, sin duda, entre los más importantes en la historia por el impacto en tantos millones de vidas que tuvo su labor. Y, sin duda también, ha sido una decisión muy criticada dentro y fuera del seno de la institución que dirigieron, particularmente en algunos países como México.

Entre los argumentos en contra, se dice que Juan XXIII tuvo amigos anticatólicos y masones, y hay quien le atribuye que el Concilio Vaticano II que convocó tenía como finalidad no la modernización (“aggiornamiento”) de la Iglesia Católica, sino su destrucción al modificar la doctrina y la práctica ritual. A Juan Pablo II se le acusa que su oposición a cambiar la doctrina sobre el uso del condón agravó la pandemia de SIDA en la década de 1980 y que su encubrimiento de los graves casos de pederastia, marcadamente el de Marcial Maciel, contribuyó al ocultamiento y repetición del patrón de sacerdotes católicos abusando sexualmente de mujeres y niños de manera masiva y consetudinaria.

Santidad. Que es.

La santidad no debe entenderse “ser perfecto”, sino “la constante voluntad de buscar a Dios y hacer su voluntad”. Y en ese sentido, los dos nuevos santos son ejemplo destacado del adecuado cumplimiento. No sólo fueron a misa y rezaron el rosario (largo, de 15 misterios) prácticamente todos los días de su vida adulta, sino que procuraron expandir el mensaje del Evangelio a todo el mundo.

El primer ejemplo de santo improbable que viene a la mente es San Dimas: ladrón y delincuente, incluso muere condenado por sus robos. Pero, colgado en la cruz en la que se le mata, reconoce que es pecador, que no merece perdón, pero que Jesús, colgado en la cruz contigua, es emisario divino. Sólo le pide que se acuerde de él. Pero Jesús le dice que “hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso”, lo que no le dice a Gestas, el otro ladrón que muere quejándose y maldiciendo. Primer santo súbito de la nueva iglesia.

El segundo es, sin duda, San Pablo. Perseguidor y ejecutor de cristianos, según la tradición estuvo presente en la ejecución sumaria de San Esteban, primer mártir reconocido del cristianismo. A pesar de ello, tras encontrar a Jesús resucitado en el camino a Damasco, se vuelve no sólo uno de los mayores apóstoles, sino propiamente establece el cristianismo como una nueva fe. La enseñanza paulina es fundamental.

El tercero es San Agustín: tenía tal nivel de vicio y perdición que su madre, Santa Mónica, oraba constantemente por su conversión. Tardó en lograrse, pero una vez que lo hace se vuelve, junto con Santo Tomás, uno de los Padres de la Iglesia en cuanto a doctrina y filosofía, fundamental para redefinir el rol de la iglesia.

Así que santidad no es haber vivido una vida perfecta, sino haber buscado a Dios y tratar de cumplir su voluntad de manera notable.

La Canonización.

Estoy seguro que todos hemos conocido santos y santas en la vida cotidiana: yo incluiría entre otros a mi abuela Antonia, que con sus 15 hijos -más algunos adoptados- no dejaba de hacer caridades y apoyar la formación de sacerdotes -de lo que nos enteramos hasta que murió: nunca lo comentó a nadie-. O Doña Anita, la viejita pobre que visitaba a viejitos más viejitos y pobres que ellos, para llevarles comida y dinero, aunque caminar una cuadra le tomaba 30 minutos. Son personas que buscan a Dios y lo sirven en el prójimo, y por ello son santas según nuestra definición.

La diferencia es que con la Canonización, la iglesia Católica reconoce que esa santidad es pública y notoria, y que por tanto, es aceptable la devoción pública. Esto implica que se puede pedir, mediante intercesión del santo, un milagro a Dios.

Un detalle importante: los santos no sustituyen a Dios ni tienen “poderes”, a pesar de que muchas devociones populares así lo entiendan. Decir que poner a “San Antonio de cabeza” ayuda a conseguir novio es más un ritual fantástico que una adecuada devoción. Lo correcto es asumir a los santos como “jurisprudencia” en el sentido jurídico: dado que por cierto camino llegaron a la gracia divina, citarlos como ejemplo en el caso concreto: “Señor, como atendiste el ruego de Santa Mónica por su hijo San Agustín, así yo te pido que alejes a mi hijo del vicio de…”. Esa es la “devoción” correcta. Siempre y cuando vaya apoyada con fe, esperanza  y caridad. Si no… es medio inútil.

Lo que conmemoramos hoy es la Canonización de San Juan XXIII y San Juan Pablo II: a partir de hoy, es válido para la iglesia católica rezar para pedir su intercesión un milagro.

Sus méritos.

Sin duda a Juan XXIII hay que reconocerle la convocatoria al Concilio Vaticano II, la más importante labor de revisión doctrinal y ritual del cristianismo católico en más de 1000 años. Y si bien ayudó a quitarle muchas de las trabas tradicionales a la Iglesia, también hizo que muchas personas se alejaran y que incluso Monseñor Lefevre llamara a desconocer al Papa y los resultados del concilio. Sin embargo, esa labor de aggiornamiento fue fundamental para modernizar la iglesia y hacerla más tolerante y cooperativa con otros credos y otras religiones. Desaparece allí la visión de que hay que combatir -y hasta matar- a los herejes, lo que llevará a una mayor apertura y tolerancia de la iglesia.

Juan Pablo II fue un férreo promotor del mensaje evangélico, llevándolo a todo el mundo en una labor que le merece el mote que las profecías de los papas de San Gregorio le correspondía: “de labores solis” -la labor del sol-. Recorrió todo el mundo varias veces, llevando el mensaje de Cristo y de la Iglesia Católica. Es el santo que más personas pudieron ver en vivo en la historia mundial, y eso sin duda es un hecho que le merece reconocimiento del más alto nivel: cumplió la instrucción de difundir el Evangelio “por todo el mundo”.

Aceptamos, pues, que no son perfectos; pero sin duda son grandes Santos. Santos que nos demuestran que la santidad es cosa cotidiana y no historias de los primeros siglos; y que está al alcance de todos. Felicito a mis amigos católicos por la llegada de San Juan XXIII y San Juan Pablo II.

 

 

 

Imagen de hoy por Giampaolo Macorig via Compfight

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