Perdiendo el (pre)juicio

Successful integration / Gelungene Integration

Prejuicio. No sirve.

Prejuicio. Pocas cosas más inútiles y dañinas ha creado el ser humano. Pocas cosas han dañado más su desarrollo y potencial de riqueza, felicidad y realización. Prejuicio, una forma de racismo. E incluso en sus formas más simples, es algo que nos aleja de la felicidad. Y verlo de cerca, se siente feo. Y reconocerse que lo practicas, peor.

Hace poco vi que, en plena campaña de vacunación se negaban a vacunar a un niño. “Perdón, pero esta campaña es sólo para niños de 3 a 5 años”. -“Pero él tiene apenas tres…” -“No es cierto, es muy alto para tener tres años…”. Si, y además era más inteligente y menos prejuicioso que el vacunador, que al menos al ver la edad en la cartilla creyó a los padres y aceptó vacunar… al único niño que llegó voluntario (a los demás, los jalaban a rastras o trataban de convencer a los papás para que aceptaran la vacuna).

En otro contexto, vi que a una persona la trataban muy mal (“es que es muy hosco”, decían). Hasta que el supuestamente hosco ayudó “voluntariamente” a resolver un problema. Ahora, quienes lo descalificaban lo tratan muy bien porque “es muy amable”. No se dieron cuenta que, como lo trataban como lo juzgaban, hacía realidad sus objeciones y se portaba hosco… sin serlo.

También ha ocurrido lo contrario: personas a quienes, por su aspecto físico -bien parecidos, he de decir- esperaban un trato de príncipe. Y si, lo obtenían: pero de príncipe tirano, con látigos y mazmorras incluidas. Pero… mucho se le perdonaba “porque es muy guapo y tiene derecho a creerse mucho”.

La verdad es que los prejuicios son uno de los rasgos que más nos dañan como país. Y me vino hoy a la memoria a raíz de que en el metro venía una pareja de “personas de color”, la verdad, bastante armónicas en sus razgos. Y al lado de ellos, un par de paisanitos dijo “uta madre, más feos que nosotros los indios… ‘nomás esos pinches negros”. Nada que declarar. Más allá de que los prejuicios nos frenan, nos dañan… y mientras no perdamos el prejuicio, sólo perderemos el juicio e, incluso, la felicidad.

Imagen de hoy, por Daniela Hartmann via Compfight

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