Soy autor. Sí, de veras.

dHaT en el Kindle

dHaT en el Kindle

Me pasó algo muy curioso el otro día. Para un vuelo muy breve me subí a un avión de esos pequeños (unos 42 pasajeros) y tenía asignado el asiento 1A. Eso implicaba que tenía: a mi izquierda, ventanilla; enfrente, un mamparo contiguo a la puerta principal; a mi derecha, pasillo y, al lado de él, cocina y puerta de emergencia (y atrás de mi otro señor enojado porque en lugar de cocina y puerta de emergencia, veía un clóset). Como es mi costumbre, revisé la tarjeta con los procedimientos  para abrir las puertas en caso de emergencia. Por supuesto, a la sobrecargo se le hizo extraño.

-“Usted si leyó la tarjeta. Eso es raro…”.

-“Sé que la probabilidad de que algo malo pase es muy pequeña; pero prefiero saber que hacer, y más en un avión atípico como éste”.

-“Qué bien. Si, nunca me ha pasado nada, pero más vale”.

-“Okey. Si algo pasa, ¿Qué hacemos? ¿Qué puerta acciono yo y cuál Usted?”.

-“Pues… yo diría que la que prefiera. Es más fácil la principal. Pero el que esté más cerca…”. 

-“De acuerdo. Si usted está atrás, abro ambas. Primero la de la derecha y luego la de la izquierda… Si no, cada quien abre una. ¡Pido la más fácil!”.

La plática siguió en temas similares: si alguna vez había vivido una descompresión en cabina en pleno vuelo y si no se sentía claustrofóbica en un espacio tan pequeño; que tan difícil era ser la única sobrecargo en un vuelo pequeño y si los pasajeros no eran una lata. “¡Así es mi vida!” exclamó Miriam, la sobrecargo. En algún momento durante la espera previa al despegue, saqué mi Kindle y me puse a leer.

-“¿Es eso un libro electrónico?”

-“Si, un Kindle…”.

-“Está pequeño y parece fácil de leer”. 

-“Si, tiene una pantalla que parece papel, es cómoda y se puede leer incluso bajo el sol”.

-“Se ve interesante. ¿Y hay muchos libros?”

-“Si. Aquí traigo unos 78 libros.”

-“¡Órale! Son muchos…”

-“Más o menos. Incluso traigo aquí uno que escribí yo…”

-“Entonces, ¿Usted es autor?”

-“Si, soy autor”.

-“¿De veras?”.

-“Si, de veras…”

-“Ah, órale… Con razón leyó la tarjeta y se preguntó que pasaría en una emergencia… Piensa como autor y se fija en los detalles como autor. Tal vez debería comprar uno… y leer su libro. ¿Me lo puede autografiar?”

-“No creo que se pueda en un Kindle, pero veremos…”

Nunca había pensado que la curiosidad era una precondición para ser autor; que pensar en posibles opciones y desgracias era natural en los escritores, o que estar atento a cosas triviales y cotidianas podría mejorar mi desempeño autoral. Es decir, todo eso pasaba de manera natural, no lo pensaba. Y no se me había ocurrido autografiar un libro en Kindle. Pero… hete aquí que no sólo me percaté de eso, sino de descubrí como algo nuevo que allí, en la pantalla, estaba mi nombre en un libro. Y que gracias a ello puedo decir que si, que soy autor. Sí, de veras… Y eso fue un cambio de paradigma muy importante.

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De Hormigas a Tiburones en el Kindle

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