Zen y el arte de escribir

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Concluímos hoy con el repaso de “Zen y el arte de escribir”, colección de ensayos de Ray Bradbury que reúne sus consejos para jóvenes escritores, con el que le da título al libro y una revelación: Bradbury usó las técnicas Zen por varias décadas sin conocerlas… y entonces supo que existían y usó el nombre para designar su método de trabajo.

La verdad es que, si lo piensan o lo analizan, es algo que nos ocurre a todos cuando entramos en lo que algunos llaman “la zona”, otros dicen “el método”, “la franja” o incluso “cuándo la musa llega”. Pero la verdad es que cuando pasa, pasa y es muy placentero y productivo y da grandes resultados. Yo confieso que en las casi 120 horas de escribir “Clara Sandra solía soñar” logré estar en ese ánimo menos de seis… pero son las mejores partes de la novela, definitivamente. Un par de veces más me sacaron los hijos de la concentración, y….

La técnica y consejo final de Ray Bradbury tras lo que comentamos en No rendirse y Apoyos consiste en tres pasos importantes:

  • Trabajo
  • Relajación
  • ¡No pensar!

Trabajo.

No esperen que llegue absolutamente nada por creación espontánea. Para lograr resultados en una labor creativa, hay que trabajar. Y mucho. Porque sólo de la acumulación de experiencia podrás generar destreza en tu arte y capacidad creativa. Picasso pintaba de ocho a quince horas diarias, incluso bien entrado a los ochenta años. Bradbury escribió 1,000 palabras al día durante 12 años antes de tener un primer cuento “original” de alta calidad. Cada cuento lo reescribía seis veces desde cero hasta estar seguro que quedaba bien, haciendo uno al día durante una semana. Durante 30 años, al menos…

Pero también enfatiza que no debemos trabajar ni por dinero ni por fama; ambas cosas arruinan el trabajo creativo y le restan nivel, profundidad y calidad. Sí, si hacemos bien el trabajo, dinero y fama llegarán; pero si lo que buscamos son dinero y fama, hay que buscarlas en otro lado y no como objetivo único y directo del trabajo.

Relajación.

Si lo que te empuja es la pasión por el arte y la creatividad y no te importan ni la fama ni el dinero, entonces esa pasión se empieza a apoderar de ti mientras trabajas hasta que logras la relajación. La idea es que “pasado un rato, el trabajo mismo adquiere un ritmo, Empieza a perderse lo mecánico. Prevalece el cuerpo. Cae la guardia…” Es decir, te relajas haciendo lo que estás haciendo.

¡No pensar!

Si has acumulado suficiente trabajo y logras relajarte, entraras al modo de “no pensar”, en el que la creatividad fluye a través tuyo y no tienes ni que concentrarte ni preocuparte: el material corre, “como si” alguien te estuviera dictando; es muy bueno, “como si” no requiriera edición posterior. Es el arte el que se adueña de ti y hace lo que tiene que hacer de manera fluída y natural. Y entonces tu trabajo deja de preocuparte y se vuelve tu, y es cuándo dinero, fama y realización llegan de manera natural.

Dice Bradbury que es lo que hizo por décadas, hasta que leyó un ensayo sobre el arte Zen del tiro con arco, que pide que no debes fijarte en el objetivo, sino en el proceso de tomar el arco y tensarlo adecuadamente. “Y cuándo logras hacer eso, no necesitas ni saber a dónde va el tiro: simplemente, dará en el blanco todas las veces, por cuidar el proceso y no el resultado”.

Dicho lo cual, me paso a repasar cómo es que esta entrada fluyó tan bien, casi sin pensarla.

Imagen de hoy Creative Commons License Hartwig HKD via Compfight

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