No empezó contigo

No empezó contigo
No empezó contigo

Tengo una amiga cercana que está abrumada por una serie de problemas. Y, platicando con ella, me acuerdo de algo que leí en el libro “no empezó contigo” de Mark Wolynn. (La edición en español se llama “este dolor no es mío”, pero me gusta más la traducción literal del “it didn’t start with you”, el título en inglés). Y no, no le duele como a mí la sejuela, que me anda afectando estos días. Lo de ella es otra cosa.

El libro parte de una idea fuerte: muchas de las broncas emocionales que cargamos —miedos irracionales, relaciones complicadas, ansiedad o hasta hábitos destructivos— no necesariamente nacieron con nosotros. A veces ni siquiera vienen de lo que vivimos de niños. Más bien, son la herencia silenciosa de traumas familiares que no se resolvieron en su momento y que, de alguna forma, nos alcanzan. Por eso alegan que “no empezó contigo”.

La tesis del libro

La tesis central es que el trauma no se queda solo en quien lo vive. Si no se procesa, puede transmitirse a los hijos y nietos, tanto en la forma de creencias y comportamientos como incluso a nivel biológico, a través de cambios en el ADN y en las hormonas del estrés. Ejemplos como los descendientes de sobrevivientes del Holocausto muestran cómo personas que jamás estuvieron en campos de concentración pueden tener síntomas similares al trauma de sus abuelos: miedo a morir, ansiedad extrema, sensación de peligro constante, e incluso sensación de ahogo o la percepción de ser invisibles y desaparecer a la vista de los demás.

Wolynn explica que la relación con los padres es clave, pues son nuestra primera fuente de vida y referencia. Y ahí detecta cuatro formas en que se puede interrumpir ese lazo: una relación de dependencia excesiva, el rechazo de un padre, una separación temprana de la madre o traumas heredados de la familia. Estas rupturas dejan huellas que uno puede sentir como angustia o vacío, sin entender de dónde vienen. Y a veces no tiene que ser un padre totalmente ausente: puede estar allí, pero no involucrarse o interesarse en su descendencia.

El enfoque del lenguaje nuclear

El autor propone una herramienta llamada Enfoque del Lenguaje Nuclear (o Core Language Approach en inglés). La idea es simple, pero poderosa: el lenguaje que usamos para describir nuestros miedos, quejas o recuerdos puede ser la pista para descubrir qué trauma está detrás. Por ejemplo, si una persona repite frases como “no estoy a salvo” o “me van a abandonar”, ahí ya hay un indicio de qué heridas se arrastran. Con ejercicios de escritura y reflexión se pueden identificar la queja central (Core Complaint), la frase que refleja el miedo más profundo (Core Sentence), lo descriptores clave de nuestros padres o familiares (los Core Descriptors) y trauma central (el Core Trauma), el evento doloroso en la historia familiar que originó todo.

El proceso es como armar un mapa del lenguaje de uno mismo. Y ese mapa, junto con preguntas que “tienden puentes” (¿alguien en mi familia perdió un hijo?, ¿hubo un secreto que rompió la unión familiar?), más la construcción de un árbol genealógico con eventos traumáticos, ayuda a conectar los puntos. No se trata de quedarse atorado en el pasado, sino de entender que experiencias no resueltas nos habitan todavía.

No empezó contigo. Pero puede acabar aquí.

Una parte importante del libro son las frases sanadoras. Son enunciados que buscan resignificar la relación con el trauma y con la familia. Por ejemplo: “Estas emociones no son mías, las he heredado” o “Acepto tu amor como lo das, no como yo esperaba recibirlo”. Puede sonar sencillo, pero repetir frases así ayuda a poner distancia entre lo que pasó antes y la vida que queremos vivir ahora. También propone rituales simbólicos, como encender una vela por un familiar perdido, para reconectar con la memoria sin quedar atrapados en ella.

En pocas palabras, Wolynn nos dice: no siempre somos la causa de nuestro dolor. Muchas veces lo que sentimos empezó mucho antes de nosotros. Pero sí tenemos la responsabilidad de reconocerlo, darle un nombre y trabajar en romper el ciclo, para que no siga pasando de generación en generación.

Recomendación final: Lee no empezó contigo.

En resumen, es un libro que les recomiendo si tienen algún problema que parezca que no empezó contigo, pero sigue presente en temas familiares. Por ejemplo, en la familia el 8 de agosto (8-8) tiene muchas significaciones importantes: desde una fecha importante para la abuela, la boda de dos de mis tíos, el cumpleaños de alguna tía abuela, bodas en mi generación y hasta el nacimiento de mi hijo mayor.

¿Y mi amiga? Bueno, leyó el libro y parece que está empezando a cambiar sus problemas. Y, si bien le sigue preocupando llegar a la edad en que dos de sus tías murieron de cáncer, al menos sabe que “no empezó con ella” y no tiene por qué vivir eso mismo. Todo puede cambiarse un poco.


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