Reyes Magos: otro año

Reyes Magos
Reyes Magos

Hemos llegado otro año a la fiesta de los Reyes Magos. Ya llegué a la edad en que no tengo que ir por regalos: mis hijos mayores ya podrían ser padres (aunque no esté en sus planes) y los menores ya no reciben regalos grandes en esta fecha: algo simbólico y pequeño basta.

Pero no por ello me alejo de la última gran festividad de la Navidad. En particular, la rosca. Que andamos haciendo cata de las mejores disponibles. Ya sabemos cuáles no nos gustan, por caras, malas o por ambas cosas a la vez. Seguimos buscando una que nos caiga bien y a buen precio. Por si tienen sugerencias o nos quieren compartir sus favoritas.

Las ideas erróneas.

Escuchaba ayer en misa a una persona dando la explicación “de cabeza”: que “el monito” envuelto en la rosca es porque se trata de Jesús escondido de la matanza de Herodes. En realidad, es al revés: la rosca, sea del tamaño que sea, debe tener tres niños. Porque son tres los reyes los que encuentran a Jesús. No importa si es para cuatro personas o para cuarenta: debe tener tres niños.

A algunas empresas ya les ha dado por esconder todo un nacimiento, con José, María, el Niño Jesús, los tres Reyes Magos, algún arcángel, dos ángeles, cuatro pastores, un burro y un buey. Otras, ponen una figura en cada rosca, esperando que encuentres todas comprando al menos seis panes. No, lo correcto es tres niños y ya.

También hay a quien le da por comérselo o esconderlo: se niegan a pagar la cena del 2 de febrero, día de la Candelaria. En México, lo que se suele hacer son los tamales, que nos recuerdan al “niño envuelto en cobijas” durante su presentación en el templo, 40 días después de nacido, es decir, el día de la Candelaria (en que se prende una vela como representación de la luz divina en el nuevo niño presentado).

Sin miedo a los Reyes Magos.

Pero no olviden que el pago de la cena de la Candelaria es una bendición, no un castigo: es la señal de que serán bendecidos por haber encontrado al pequeño que esperaba el pueblo judío, que buscó con ahínco —para el mal— el rey Herodes y que, sean creyentes o no, podemos entender que cambió la historia de la humanidad.

También solemos perder de vista que los Reyes Magos ayudaron a la misión de Jesús con sus regalos: dicen que el oro ayudó a la Sagrada Familia a reubicarse en Egipto; el incienso es lo que daban en sus viajes anuales al Templo por la Pascua, especialmente en los tres años de la vida pública del Maestro; y la mirra fue con la que se le embalsamó a su muerte. Es decir, no fue un único día, sino continua su intervención.

Como sea, es una festividad que nos recuerda a toda la cristiandad y al catolicismo latinoamericano en particular, que el mensaje de Jesús no se quedó en el pueblo judío del siglo I, sino que sigue resonando en todo el mundo, particularmente en nuestra región, tan necesitada de paz y amor.

(Por cierto, este texto también se publicó en mi cuenta de X, @Gjsuap y es distinto a los materiales que verán en gonzalosuarez.com, el sitio en Substack del que les había comentado en la entrada anterior).


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