Adaptarse al cambio

Cambios

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Dejar ir no es fácil. Ocurre con un luto, con un cambio radical, con una circunstancia difícil. Por ello entre las “cuatro nobles verdades” del Buda se enuncia que el apego es la fuente de los sufrimientos. Querer que las cosas sean como siempre eran. Que no cambien. Que no se modifiquen.

Hay veces que aceptamos una gran dosis de dolor y molestias, con tal de que algo no cambie. Mismo coche, aunque falle. Misma casa, aunque ya no quepas. Mismo trabajo, aunque estés inconforme. Misma estación de radio, aunque se haya ido la conductora que te gustaba. Misma consola de videojuegos, aunque ya no sea compatible con nuevos juegos. Misma tienda de toda la vida, aunque ya sea más cara y menos surtida. Entienden la idea.

Pero hay veces que el cambio llega raudo, sin darte ni tiempo de prepararte y lo quieras o no. Hay veces que fluye lento, que pasa un día a la vez, tan gradualmente que no lo notas hasta que encuentras algo radicalmente distinto, pero que no habías notado por su propia gradualidad.

Hay cambios que “se cantan”: en tres meses pasará esto -que se pospuso hace un año-. Y vas deshojando el calendario, sabiendo que quedan 90 días, y luego 50, seguidos de 30 y en algún momento la última semana fatal corre día a día. Otros llegan como tromba: te enteras que alguien se fue “de la noche a la mañana”, o que personas que dabas por seguras están totalmente fuera de tu vida en cosa de un par de días o de horas.

Y entonces me viene a la cabeza aquella historia de la Kabbalah, de un maestro y su discípulo que visitan una casa pobre, pobrísima, que dependía de una única vaca para tener leche y sustento. Y antes de irse, el maestro mata a la vaca, para sorpresa y molestia de su discípulo. Visitan nuevamente la casa un año después y encuentran que la familia ha prosperado: estaban tan asociados a la falsa comodidad y modesta satisfacción que implicaba la vaca, que al perderla se vieron obligados a buscar opciones que tenían pero desestimaban porque… bueno, tenían una vaca. Y algo de leche. Y podían hacer un queso aquí y allá. Si, hay veces que quisiera matar la vaca de la comodidad y arriesgarme a más cosas.

Pero también veo que algunos de mis planes y proyectos fluyen más lento. Por ejemplo, los invité a leer “Escribe hoy” y que tan pronto tuviéramos diez calificaciones o reseñas impartiría un curso gratuito. Casi 120 personas pidieron el e-book -la mayoría en los días en que estuvo gratis-. Pero al día de hoy, casi un mes después… no tenemos ni una reseña ni una calificación. ¿Debo perder la esperanza o seguir empujando el tema? Veremos cuál es la correcta.

Lo cierto es que los cambios pasan, aunque no queramos, y es necesario aprender a adaptarse al cambio. Y no se apuren, no estoy moribundo ni tristeando porque sí: Estos días en la oficina hemos tenido demasiadas renuncias, algunas anticipadas hace tres meses, otras hace tres semanas, unas hace tres días y otras… que tomaron tres horas. Se va gente buena y capaz, que mejora sus oportunidades, y otras que simplemente ya no quieren estar aquí haciendo lo que hacían. Cambios, cambios… habrá que adaptarse a ellos. Y no dejar de ver qué más tienes aparte de las vacas seguras pero enclenques.

Y tú… ¿Cómo te adaptas al cambio? Déjanos un comentario en esta entrada.

Imagen de hoy wstera2 via Compfight

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