¡No al carro!

¡No al carro!

¡No al carro!

He escuchado que  hay un fuerte debate entre las editoriales tradicionales y Amazon respecto a las estrategias de mercado que está utilizando el gigante digital para desplazar algunos productos y exigir que bajen su precio.

Las editoriales mayores dicen que “es una competencia desleal”, debido al hecho de que el libro electrónico no requiere inventarios, movimientos fisicos, no ocupa espacio de anaquel y que por lo tanto es mucho más barata su distribución, pero que es una competencia desleal de parte de Amazon. En respuesta, el gigante electrónico nos ubica en el momento histórico cuando sale el formato de paperback: las editoriales dijeron que iba a destruir el mercado editorial, pero en realidad terminó aumentándolo; esto porque creció el número de lectores, al incluir a personas que antes no podían considerar comprar un libro impreso en un formato más caro.

En efecto, parece ser una  competencia desleal por el hecho de que sus costos sean menores y su distribución más amplia, lo que le permite generar un volumen de ventas mayor con menos recursos. También es cierto que introduce más lectores a nuevas modalidades. Y como autor, prefiero tener un canal de distribución directa, global, económica y que elimina a todos los “guardianes de la puerta” –gatekeepers– que harían muy difícil que pudiera publicar algo. Al menos cuatro editoriales han detenido mis libros en algún punto de su producción. En tanto, mi último texto tomó menos de un fin de semana de la idea a su disponibilidad en la tienda (ojo: los materiales ya estaban escritos).

Recuerdo haber leído que, con aparición del motor a combustión interna, los criadores y los propietarios de caballos de  tiro se quejaron de que si se adoptaba eso sería la destrucción de su negocio Y en efecto, lo fue: un automóvil de combustión interna tenía mayor autonomía, mayor potencia y mayor capacidad de arrastre que varios caballos juntos. De hecho, un auto moderno pude llegar a tener el poder equivalente a 350 caballos en el mismo espacio que ocupan dos caballos con su carreta. ¿Se imaginan a la Ciudad de México, que tiene más de 3 millones de automóviles con su equivalente equino? Sería un muladar mucho mayor y no tan grande.

Por supuesto que el mercado  del transporte con caballo se redujo mucho, a unos cuantos circuitos turísticos o carretas de tracción animal para comprar cosas usadas o basura. No desapareció del todo, pero se volvió marginal.

Creo que ese alegato ha sido planteado para cada cambio tecnologíco que altera mercados ya existentes. Ocurrió lo mismo con los refrigeradores y los cortadores de hielo; con los trenes sobre las recuas de mulas y con los aviones sobre los trenes; con la llegada de la televisión a color sobre la de blanco y negro y la de alta definición sobre la analógica: siempre hay alquien que se opone, y se beneficia quien primero adopta los cambios exitosos -algunos no lo son-. Considero que habrá público para ambos, con costos diferentes, y es importante no perderse en ello. Solo llegas al cambio tecnológico si lo sabes aprovechar.

Imagen de hoy Eduardo Amorim via Compfight

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One Response to ¡No al carro!

  1. Tinosoft says:

    Eso me recuerda a los OXXOs/7-Eleven que matarán a las tienditas, de no ser por las maquinitas miltijuegos las tienditas que no se esfuerzan no tendrían tantos clientes, pero también están las tienditas que ofrecen otros productos que no ofrece el oxxo y se vuelven mejores vendedores.
    My recent post The Croods