Rompiendo la inercia

Rompe la inercia; pide lo sano

Rompe la inercia; pide lo sano

Pequeños cambios… ¿Grandes resultados? Nuestro estado de salud habla de nuestros hábitos y estilo de vida. Tal vez tengas una excelente genética que te permita comer mal, no hacer nada de ejercicio y no sufrir las consecuencias, pero descuida… tarde o temprano el cuerpo se las cobra.

Si ya estas contemplando un cambio radical en tu alimentación, empezar –de una vez por todas- a hacer algo de ejercicio o dejar de fumar, tendrás que entender que más que un acto de valentía, cambiar necesita un cambio de conciencia. 

Lo primero es estar convencido de la necesidad de cambiar. No porque tu pareja o familiares se la pasen subrayando lo mal que comes, o que deberías fumar un poco menos significa que tu estés ya convencido de la necesidad de cambio. A esta primera etapa se le llama Pre-contemplación. En esta etapa surgen pensamientos como: “¡¡están locos, yo no necesito nada de esto!!”, “¡¡no es para tanto!!”, “¡¡me gustaría que ya me dejaran en paz!!”.

Si todavía te encuentras ahí, deberías empezar por buscar pretextos positivos para cambiar tu estilo de vida. Si bajaras esos kilos de más tal vez sigas sin parecer supermodelo, pero podrías volver a hacer actividades que quizás ahora te resulten fatigantes como caminatas con la familia al aire libre, jugar fútbol con los amigos o simplemente aguantar un día en la oficina sin dolor de espalda o rodillas.

Bajar de peso no es el único beneficio de una alimentación más saludable: despedirte de la gastritis, colitis y estreñimiento; evitar dolores de cabeza y tener mejor rendimiento en el trabajo, son algunos de los beneficios que puedes obtener.

“¡Ok ok!, debería mejorar mi alimentación” Ya estás contemplando el cambio. Pero te enfrentas con una horrorosa inercia que te lleva al clásico: “Ahora sí, empiezo el lunes”. Con frecuencia te invade el complejo de culpa, pero al mismo tiempo sientes que estas a punto de tomar una de las decisiones más terribles de tu vida, que te harán alejarte de todo lo rico y placentero de comer. Recuerda que el cerebro es un órgano poderoso, por lo que puede anticiparse a la realidad y hacerte “sufrir” antes de que te peguen. Te invito a dejar a un lado estos pensamientos de catástrofe y empezar a descubrir lo nueva y diferente que puede ser tu vida con una alimentación adecuada y un cuerpo activo.

Muchos pacientes tienen la idea que esto se trata de todo o nada. Me piden la dieta más estricta que pueda darles, y a menudo hasta se quitan porciones que ya les autoricé previamente, para avanzarle mejor. El problema es que se matan de hambre y forzan un cambio que depende sólo de coraje y valentía. Para estos mismos pacientes, el momento de romper la dieta es una debacle. “¡¡Todo estará fatal!! …. Ya para qué sigo haciendo los cambios. ¿Y todavía ejercicio? No no, ya todo esto se vino abajo”.

La realidad es que cualquier cambio de comportamiento es un proceso lento y difícil. Seguramente, habrá recaídas. Esto no significa que haya bajado tu convicción por mantenerte saludable, ni tus ganas de continuar el camino. Lo importante es que aprendas a levantarte. A que si diste 3 pasos adelante y 1 atrás , todavía llevas 2/3 del camino a recorrer y puedes seguir intentándolo.

 

Te recomiendo empezar por pequeños cambios que se agreguen a tu vida diaria:

  • Agregar por lo menos 4 vasos de agua natural al día. (No te esmeres en llegar a los 2 litros en un día) Usa recordatorios en el celular si no sientes sed y no tienes la costumbre de beber agua.
  • Comer por lo menos 1 porción de fruta fresca al día. No empieces pensando en que “no podrás comer papitas hoy”. Empieza preocupándote en descubrir qué fruta te es más agradable, disfrutar su sabor y aprender las propiedades que aporta.
  • Conocer las verduras que se venden en tu localidad. Comer verdura no significa comer lechuga y jitomate hasta el hartazgo. Busca un recetario y aprende a agregar más verduras a tu comida diaria.
  • Escoge tus bebidas inteligentemente. Con frecuencia se omite que las bebidas azucaradas y altas en grasa pueden agregar muchísimas calorías extras a tu día. Cambia frapuccinos y mokas por tés de infusión o café americano. ¡Compra un café orgánico! Vuélvete conocedor y redescubre el verdadero sabor del café.
  • Camina 10 minutos antes y 10 minutos después de la hora de comida. Algunas personas optan por transportarse en bicicleta. ¿No te gusta entrar al gimnasio? Toma clases de baile de salón, o conecta el Kinect y ponte a competir con tus familiares en casa. Todo cuenta.

Como verás estos cambios pueden aplicarse de manera gradual, y lo importante es no olvidar que la motivación es un proceso interno. Ni el doctor, ni tu pareja, ni tus amigos son los responsables de cuidar tu salud. Tú eres el único que verá los beneficios y disfrutará los cambios.

La motivación depende de dos factores: estructura personal (valores familiares, experiencias y conocimientos aprendidos) y conciencia (capacidad de reconocer y lidiar con los problemas). Mientras mejor se encuentren estos dos factores tu motivación brindará mayor y mejor energía para el mejoramiento personal y el cambio de hábitos.

Si recaes, vuelve al esfuerzo. Verás que pronto el esfuerzo se volverá un nuevo hábito, y los beneficios te harán ver que puede ser placentero cuidarse, y por supuesto… esta permitido hacerlo gradualmente con conciencia propia de volver al camino adecuado.

Post invitado por Alejandra Banegas (en Twitter, @Dra_Equilibrio). Imagen, cortesía de www.prowellness.es Para más información, contacta a Alejandra en:

nutriologa alejandra

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