18 títulos y bicampeones

18 títulos… bicampeones
18 títulos… bicampeones

Hoy, hoy, hoooooy…. les tengo que compartir una noticia que me tiene muy feliz. Y ni modo: el equipo al que le tengo la mayor afición en todos los deportes, los Diablos Rojos del México, acaban de alcanzar la marca de 18 títulos al coronarse como campeones en la Serie del Rey 2025. Y, además, son bicampeones, pues ganaron el año anterior.

Lograron ese hito en apenas cuatro partidos, en que sus rivales, los Charros de Jalisco, tuvieron un desempeño más bien malo. Dejaron muchas carreras en los senderos y tuvieron pocas jugadas notables. Nos tocó verles varias pifias (como dejar caer una pelota entre tres jugadores, o aquella en que un jardinero la perdió de vista tras un rebote). No cualquiera llega a una final.

Creo que particularmente perjudicial fue la actitud de su manager, Benjamín Hill, que dijo que “Diablos no trae nada, y será muy fácil ganarles en cuatro juegos, para irnos a descansar”. Por eso, cada derrota lo fue poniendo más y más violento, facilitando que su impaciencia dañara a su equipo.

Mis etapas escarlatas

No soy mucho de ver deportes en vivo o en televisión. Con la excepción de ir al estadio de béisbol. Mi abuelo paterno era aficionado a los Diablos Rojos, vivía cerca del estadio y hasta se afilió a la Marabunta Roja. Como tenía poco tiempo de haberse jubilado, ir al estadio y convivir con èl y sus amigos se volvió un pase frecuente, si bien no cotidiano. Eso si, los partidos de “Periodistas contra cómicos” del 1 de mayo, y algún partido de play-off no podían faltarnos en el calendario. Y sí, la “guerra civil” contra Tigres era otro de los favoritos, así sea para ver un juego de la serie.

Llegué a la universidad. Así que la primera década de los años 1990 incluyó varias visitas al parque del Seguro Social, pero ahora con colegas, amigos y potenciales galanas. Nuevamente, partidos de Tigres o de Leones de Yucatán (por los amigos yucatecos que apostaban tacos de cochinita). Otro atractivo de ir a ver ese deporte.

A principios de la década del 2000, mi vecina y ahora comadre, Jazmín, se compró un carro. Por lo que podía saber si había llegado a casa o no, por lo que nos hicimos más amigos. Y también podíamos ir al ahora complicado estadio del Foro Sol -más lejano e incómodo que el del Seguro Social, al que podíamos ir en metro fácilmente- con más frecuencia. Y luego, me seguí yendo con algunos amigos. Como lo comenté en esta entrada de 2011. Poco después, pude ir por primera vez al Dodger Stadium.

La etapa más reciente ha sido en el nuevo Estadio Alfredo Harp. Con mis hijos. Una belleza. Y mi padre (que rara vez nos acompañaba con el abuelo, porque tenía mucho trabajo). Y algunos colegas… También con amigos. El chiste es que los hijos, que llevaba a rastras porque “se aburrían”, descubrieron la magia del ambiente del estadio. Y de la comida. Así que sea en jardín, por tercera o cerca de home, ya se se sienten a gusto.

18 títulos

Sí, acepto que el béisbol es difícil de disfrutar y de seguir. Seis partidos a la semana, no uno el domingo. 27 turnos, sin duración preestablecida. Puedes acabar una entrada completa en menos de 6 minutos, o pasarte dos horas en un único out. O puedes ir anotando el juego, y hacer de algo divertido una extensión de la oficina… aunque te vuelvas el más popular de la zona y hasta te inviten cervezas, a cambio de ir dando información de los turnos previos de los jugadores al bat (me ha pasado).

Por eso, los 18 títulos de Diablos Rojos en sus 85 años de vida en una liga que cumplió cien años de existencia continua e ininterrumpida en el país, nos supo a gloria. En un estadio magnífico como equipo local (revisen este hilo en X que publiqué sobre el Estadio). El lugar dónde Diablos le ganó a Yankees. Es donde más veces he ido con mis hijos. El estadio que hace un festival de Star Wars en el Star Wars Day, el 4 de mayo… Una afición que me recuerda a mis abuelos, a mis amigos, a mi comadre, a mis galanas, a mi padre, a mis hijos.

No saben cómo me hubiera gustado acompañar al equipo, rodilla en el suelo, para dar gracias a Dios por esos 18 títulos, en especial el obtenido ayer en el Estadio Panamericano de Jalisco, como pueden ver en esa imagen.

18 títulos se agradecen… rezando en el campo.
18 títulos se agradecen… rezando en el campo.

Y en especial a aquel Alfredo Harp Helú, que me dedicó de puño y letra su libro biográfico “Vivir y morir jugando béisbol”, una de mis mayores posesiones bibliográficas. Y me da gusto ver que algunas de las sugerencias que le hice esa vez se han realizado. Evidentemente, no porque yo se las haya dicho; sino porque eran importantes para el equipo. Es una anécdota que platico en mi libro “De hormigas a tiburones”.


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