
En la teoría económica, uno de los conceptos que más me hizo sentido al estudiarlo a detalle fue aquel de los costos hundidos. Es decir, evaluaste un proyecto y decidiste que era buena opción hacerlo. Lo empezaste. Pero en algún punto entre que lo iniciaste y lo terminaste, te diste cuenta de que iba a costar mucho más de lo que habías considerado y que incluso podía pasar a ser un mal negocio. ¿Dejas el puente a medio hacer, o lo terminas aunque pierdas dinero?
¿Qué haces? Si lo continúas, acabarás como dice el refrán: “metiéndole dinero bueno al malo”. O bien, decides suspenderlo de golpe, con la intención de no gastar más en algo que no tiene viabilidad económica. Pero el tiempo y dinero que ya usaste no puedes recuperarlos. Es una pérdida total. Cualquiera de las dos es una circunstancia difícil, porque, de un lado, es reconocer un error y, del otro, es gastar de más.
Los costos hundidos en la vida cotidiana.
Y esto, que tiene mucho sentido en proyectos de infraestructura o en acciones de gobierno, también se aplica en el día a día en nuestras vidas cotidianas. Por ejemplo, ¿qué te conviene más? ¿Meterle más tiempo y dinero a una relación que está fallando o terminar esa y empezar una desde cero? O mejor aún, terminar esa y esperarte un tiempo a que te reconsideres qué es lo conveniente y no entrar luego luego a una nueva opción, nada más por no estar solo? Parece una pregunta trivial, pero uno de mis amigos la está viviendo justo en este momento: A menos de un mes de haber firmado su divorcio de un matrimonio que tenía menos de un año de haberse celebrado, está considerando si empieza una nueva relación o no. Mi sugerencia es… (¿Qué creen?)
Otro bonito ejemplo: tienes un auto viejo que requiere reparaciones. Puede funcionar y darte servicio todavía más tiempo, pero en cualquier hoyo puede terminar de romperse lo que está mal en la suspensión, o encontrarás que en una subida no tienes potencia suficiente o, peor aún, puede aún en un rebase provocar un accidente. Pero meterle 20, 30 o 40 mil pesos extra a un bien que se está devaluando aceleradamente tampoco es muy buena opción. Si haces cuentas, posiblemente convenga más comprar un carro más nuevo que reparar el que ya tienes, aun así corres el riesgo de que también salga mal. O que el carro viejo no tenga problemas mayores y con menos de 10 mil pesos quede listo, aunque le pospongas el cambio de amortiguadores o la pintura rayada siga así. ¿Ya ven por qué la economía importa más de lo que parece en la vida cotidiana?
Pero este concepto no es nuevo.
Esto que nos parece novedoso no es tan así como parece. Digamos que hay referencias bíblicas de ello. Recuerden aquella parábola que habla de la torre que se quedó a medias y que la gente habla mal del dueño que “no supo medir bien sus esfuerzos”. Lo que en realidad quería decir el Maestro al hablar de eso es que había costos hundidos bastante altos y que debió calcular bien antes de empezar y luego plantearse bien si debía continuarlo o no o venderlo cuando notó que no podría acabarlo.
Pero como ese hay muchos recuerdos de obras que quedaron inconclusas, ya sea porque sus promotores se murieron, o porque encontraron cosas que no eran correctas, o por un cambio en la posición política de los gobiernos y cosas así. Me viene a la mente aquella historia del famoso navegante Zhen Ge de la que ya les habíamos hablado en este blog.
Los costos hundidos al bloguear.
Pues algo parecido me sucede con Dichos y Bichos en esta versión que estás leyendo. La versión de Substack, con sus casi 300 entradas diarias y varias centenas de suscriptores y muchos lectores al día, las cosas van bien; es aquí donde hay que plantearse las dudas y las posibles soluciones.
Con sus 15 años tiene muchas cosas que ya no se utilizan, pero que están ahí. Por ejemplo, algunas versiones en audio de nuestros textos o la posibilidad de tuitear en vivo directamente a tu cuenta algunas de nuestras entradas. ¿Cuál es el problema? Que buena parte de las herramientas tipo plugin que se utilizaban para esas funciones ya no son compatibles con las nuevas versiones. O no son compatibles con las herramientas a las que apelaban. Ejemplo: Twitter, al hacer su cambio a X eliminó la posibilidad de que tuitees directamente desde un texto que te propongo en la entrada. Pero eliminarlas de todo el blog cuesta mucho tiempo y dejarlas hace que cometan errores o puede que tarde demasiado al cargar.
Buscar la solución que más nos ayude a todos.
Porque esas son las quejas principales en esta nueva etapa: que tarda mucho para hacer un simple blog sin mayor gracia, es decir, sin videos, sin audios, sin animaciones que podrían ameritar la espera. El texto no se carga rápido y no se ve bien en celulares. Por supuesto, lo puedo corregir generándole un nuevo estilo genérico que no requiera tantas funciones. Y que pueda cargarse mucho más rápido, en especial en celulares o móviles. Pero eso implica desperdiciar buena parte de lo que ya se ha hecho.
Y ese es el dilema de los costos hundidos que enfrento en este momento. ¿Hacemos este blog totalmente retrocompatible para que puedan leer sin problema las entradas de los últimos 15 años, como se pensaron? ¿O dejamos que ocasionalmente unos pocos lectores se encuentren con una liga que no funciona y se vayan con un mal sabor de boca? O mejor aún, que tengamos una versión simple y rápida en celulares, aunque se pierdan funciones en computadora.
Como ven, no es un dilema menor por el costo y el tiempo de implementación, pero tampoco redefinirá el futuro de Occidente durante el próximo milenio, así que seguiré pensando y espero pronto tener una solución práctica que ustedes puedan notar al navegar más rápido y mejor. Los espero pronto… en el puente terminado. Espero…

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Definitivamente, un semestre de economía no se compara en nada con una carrera completa, y justo este tema de los costos hundidos es algo de lo que jamás había oído hablar. Yo me quedé en el costo de oportunidad (y no me preguntes cómo se lo expliqué a mis compañeros… esa anécdota podría herir sensibilidades).
En fin, regresando al tema —que el maestro es serio y no admite chistoretes—, aunque no conocía el concepto por nombre, lo he vivido más veces de las que quisiera admitir, y lo he pagado de una u otra forma. Así que te agradezco infinitamente el apunte de ciencia económica.
Saludos, Gonzo… perdón, maestro Suárez.