
Esta semana fue muy peculiar en cuanto al cine: No pude ir. En parte porque, como ya les había comentado en esta entrada, usé buena parte de mi tiempo y dinero disponible para esto en ver varias veces más Top Gun, ahora que estuvo nuevamente en el cine. En parte porque es una película que me emociona mucho, en parte por verla con mis hijos varones, por separado; en fin, se gozó mucho.
Ahora me ocurrió lo contrario: esperaba ver a Grogu y El Mandaloriano con ellos, pero decidieron ir a ver antes; así pasa y ni modo, los planes se arruinaron, así que esta semana no pude ir con ellos. Veremos si la siguiente. Adicionalmente, a quien me acompaña regularmente, ninguna de las películas en cartelera le antojaba y se entiende: no todo el cine es para todos. Asì que, lo siento, hoy no hubo película.
Cine, ¿por qué tanto?
Alguien me preguntaba por qué tengo esa obsesión por ir al cine cada vez que puedo.
Y uno de los grandes motivos es simplemente “porque lo disfruto”.
Y lo disfruto porque algunos de nuestros lectores y amigos ya conocen la anécdota, pero para los que no, ahí va. Estuve casi tres meses en cama, sin poder ir a la escuela, por un problema visual grave. Se decía que acabaría ciego antes de cumplir los 13 años.
Por una circunstancia muy peculiar que amerita relatar en otra ocasión, no fue así; pude curarme a tiempo y bien de esa grave enfermedad. Y si bien tiene algunas secuelas o límites a lo que puedo hacer, por ejemplo, manejar de noche me cuesta trabajo o alguna irritación constante en los ojos al sudar, estoy consciente de que la vista era un don que podía perder rápidamente.
Así que eso ponía límites al tiempo que podía pasar leyendo o viendo pantallas, por lo que hice buena parte de la carrera “de oídas”, es decir, sin estudiar a detalle los textos porque no podía forzar la vista demasiado. Aunque eso me ayuda a pensar más que la mayoría de mis compañeros, también me limitó en algunos temas y materias que no podía estudiar con el detalle requerido.
De ser casi ciego a llenarme los ojos.
Eso me ayudó a hacer diferentes algunas cosas que hicieron avanzar en la vida, pero por otro lado me hizo disfrutar mucho lo que veo. Es decir, hacer de los ojos uno de los principales modos para entender y conocer el mundo. Y qué mejor que hacerlo mientras ves una película, es decir, una historia perfectamente planeada, curada y donde cada detalle está ahí, porque se pretendía hacerlo.
Así que si el cine es una manera de agradecerle a la vida que puedo ver cosas y llenar mi memoria antes de que me quedara ciego, lo cual afortunadamente ya hasta ahora no ha ocurrido, y esperemos que siga así.
Vaya esta anécdota porque hoy no tengo película que reseñarles, que así pasa de cuando en cuando. Sí vi un par de películas en casa, pero repetidas. Esta en particular, El llamado salvaje, que volví a ver con mis padres el fin de semana. Muy buena en verdad.
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