Una reforma a la religión

Cristo resucitó. ¿y tú?

Cristo resucitó. ¿y tú?

Para muchas personas, el cristianismo en sus diferentes interpretaciones, y el catolicismo en particular están fallando. Y es entendible cuando se ven las conductas de sus feligreses: desde personas que se dicen seguidoras del carpintero de Nazareth que predicó (y practicó) el amor y el servicio a los demás, pero que no dejan de agredir fuertemente a quienes tienen una visión levemente diferente, hasta pastores y sacerdotes que evidentemente lucran con la fe o practican la pederastia, sin importar su denominación: los hay en todos los colores y sabores.

Hemos dicho en ocasión de la beatificación de Juan Pablo II que la santidad no es ser perfecto, sino tratar de serlo, sobreponiéndose a todo obstáculo. No esperamos de los cristianos que sean perfectos, sino que traten de serlo. Y tal vez donde más flojos andamos es en la acción a favor de los demás, lo que deberíamos hacer juzgando menos y obrando más.

Creo que un gran problema radica en la palabra

AMÉN

derivada del arameo, y que quiere decir lo mismo “así sea” que  “es verdad”. Muchos la interpretan como “hágase la voluntad de Dios” o “es algo inconmovible”, “no se puede cambiar” o “así es y así será”.

Pues bien, la reforma  a la religión que propongo es muy simple: debemos de mover el acento de esa palabra de cuatro letras de la tercera a la primera:

ÁMEN

Y con eso el significado pasa a “actúen en el amor”. El cambio, si bien menor, hace que dejemos de que las cosas dependan de Dios a que pasen también por nuestro esfuerzo. Ya lo dijimos en la entrada sobre la apertura del Mar Rojo: ocurrió no cuando Moisés levantó el bastón, sino cuando el primer hebreo al que el agua le cubría la cabeza siguió avanzando con la total certidumbre de que el mar se abriría. Así pues, amando a su pueblo y creyendo a su líder, inició el milagro que hizo manifiesta la acción divina.

Dejemos, pues, de confiar que Dios hará todo, y empecemos con poner nuestra parte en el servicio y el amor. Una vez que tomemos la iniciativa, estoy seguro que la divinidad se manifestará a nuestro favor. Y eso es como resucitar a una nueva forma de ver la vida. Está al alcance de todas las denominaciones cristianas. Cambiar el “amén” por el “ámen”, y pasar de la pasividad a la acción es la mayor reforma que podemos hacer a la religión. Está al alcance de cada uno, y en verdad puede transformar el mundo. Así que…

¡ Á m e n !

4 comentarios

  1. Muy bien. Está relacionado con lo que pienso que en la sociedad actual se terminó lo público, la acción comunitaria, el hacer algo por los demás, pues no basta con no hacer en perjuicio de los demás, sino es necesario hacer en beneficio de todos.

    ¿Soñadores? No, pero sí pocos.

    • Coincidimos una vez más. Poner a los demás al menos al nivel de uno mismo es la base de la llamada "Regla de Oro": Trata a los demás como quieras que te traten. Y que mejor si es haciendo el "ámen" en lugar del "amén". O como ya viste en otra entrada, Mi amigo el ecuménico un poco de tolerancia y respeto es imprescindible. Gracias, amigo soñador… Saludos.

  2. Diría mi abuela.. ayudate que "Dios" te ayudara.. y que razón tenía…. nada como que cada uno aporte un cambio a nuestro entorno en todo aspecto : Ámen

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