Villano imaginario y sus errores reales.

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El villano imaginario

El neoliberalismo es el gran villano del siglo XX, según algunos. Ya lo anticipamos en las entradas ITAM; No es el villano que se imaginan… y Neoliberalismo: ¿Con qué se come eso? Allí pueden leer argumentos a favor de esa corriente de pensamiento y de la escuela de economía que lo encarna en México, según algunos. En efecto, no es tan malo como muchos creen y, considero, aún es la mejor opción para lograr desarrollar el país.

Sus resultados en la gran mayoría de los países que lo han aplicado bien son contundentes: libertad en los mercados y estado de derecho claro y firme generan un crecimiento económico mejor que otras opciones. En países que lo adoptan mejor -como Singapur o Islandia- da mejores resultados. Países que respetan sus bases -como China o India- crecen más, aunque tengan fallas en la aplicación. O pese a que no lo acompañen del todo con democracias liberales.

Sin embargo y hay que reconocerlo, no es perfecto. Puede generar serios desequilibrios sociales. Requiere una adecuada supervisión, porque asumir que un mercado es libre para muchas personas implica que se puede ser poco ético. La asimetría en la información es uno de sus puntos débiles. Y que «quien tiene poco se le quitará ese poco para dárselo a quien tiene mucho», frase bíblica que representa algo de lo peor.

Villano imaginario…

En lo que no es cierto es en decir que el neoliberalismo es «vendepatrias». No se gana más por venderle a extranjeros que a nacionales. En ese sentido, no tiene una nacionalidad específica ni comparte un patriotismo extremo. Cuida, sí, que se beneficien más quienes están más cerca. Pero, ante todo, por un racionalismo económico: compra cerca porque sale barato; y trae de lejos lo que vale la pena por su alto valor o por sus economías de escala.

Se dice que el neoliberalismo beneficia a unos cuantos por sus relaciones políticas. En principio no: acá todos son iguales ante la ley, y bien llevado, un pequeño inversionista puede ganarle a un grupo empresarial grande a condición de que argumente bien lo que va a hacer, primero en los contratos y después en los tribunales de ser necesario.

Que se opone a sindicatos y asociaciones es otra mentira. Tiene reservas en las «representaciones colectivas» que buscan ser una barrera a la entrada de nuevos participantes en un mercado. Por supuesto que pilotos de avión o médicos cirujanos deben prepararse y certificarse, y un alimento debe cumplir con normas de sanidad. Pero de eso a obligar a que los boleros (o aseadores de calzado) tengan un permiso gubernamental hay un exceso.

… y sus errores reales

La verdad es que este modelo económico tiene fallas reales. Dista de ser perfecto. Algunos fallos ocurren desde su planteamiento. Otros por su aplicación. Y si bien es mejor que otras opciones, si requiere una adecuada supervisión y, ante todo, transparencia en la información.

Por ejemplo, la falta de información perfecta hace que algunos participantes tengan ventaja. Y el uso de información privilegiada no siempre se previene o se sanciona. Aquí, la acumulación de datos duros -facilitada por la tendencia del Big Data– o la falta de información oportuna da ventajas. Así, si un medio de comunicación manipula la verdad o esconde datos, puede hacer que muchas personas pierdan dinero o bienestar, en tanto que otro acumulan mucho.

Esa sería la segunda observación: la acumulación ayuda a acumular más. Quien tiene mucho puede arriesgar montos altos -que para sus competidores son prohibitivos- y ganar. Por ejemplo, Carlos Slim, quien un tiempo fue el hombre más rico del mundo, podía ofrecer mejores condiciones a ciertas obras públicas porque tenía bancos, aseguradoras y empresas constructoras que, coordinandose para buscar una propuesta común, pudieron desplazar a sus competidores.

La mano invisible

El padre de la economía, Adam Smith, escribió en «La riqueza de las naciones»: «No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés (…) Cada individuo está siempre esforzándose para encontrar la inversión más beneficiosa para cualquier capital que tenga […] Al orientar esa actividad de modo que produzca un valor máximo, él busca sólo su propio beneficio, pero en este caso como en otros, actúa como si una mano invisible lo condujera a promover un objetivo que no entraba en su propósitos […] Al perseguir su propio interés frecuentemente fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentase fomentarlo».

Pero hay un matiz: habla del carnicero, del cervecero y del panadero; no de SuKarne, Cervecería Modelo o Panificación Bimbo. El modelo funciona bien con pequeñas empresas y proveedores locales; no con grandes transnacionales o empresas gigantes que abrumen a sus proveedores y a sus clientes. Que atiendan a su clientela local. Que sepan del mercado lo mismo todos los participantes.

La mayor falla del neoliberalismo, incluso en esta época de información general y abundante, es que hay información imperfecta. El que sabe más -de procesos productivos, de información del mercado, de hábitos del consumidor- puede ganar más. Y la acumulación del ingreso en pro de los más ricos puede ser cada vez más rápida y abundante. Allí si deja de ser un villano imaginario y se vuelve amenaza real.

Si hay un matiz que aplicarle al neoliberalismo: topar la acumulación máxima permitida y asegurar la libre competencia en mercados pequeños y competitivos. Ya se ha hecho en el pasado: empresas dominantes como Standard Oil y AT&T fueron fragmentadas para obligar a que existiera la competencia. Tasas de impuestos de hasta 80% eran comunes a ingresos altos incluso hasta la década de 1960. Que nadie se quede sin la oportunidad de tener beneficios; que nadie abuse de una desproporción en el sistema.

Imagen de hoy: Frankie por Prayitno / Thank you for (12 millions +) view

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