El autoengaño

El autoengaño
El autoengaño

Y tú… ¿Quién te dices que eres? La verdad es que no importa cómo te identifiques o te describas, seguramente eres un caso más de autoengaño. Y no porque seas malo, no; más bien porque la percepción que tenemos de nosotros mismos no es un reflejo directo de la realidad, sino una construcción del cerebro basada en suposiciones, memorias y expectativas.

Este libro, el autoengaño (the self delusion) de Gregory Berns explora cómo nuestro sentido del yo es una narrativa moldeada por procesos imperfectos de percepción, memoria y predicción, y cómo podemos reescribir estas historias para transformar nuestra identidad. Te invito a que leas estas notas que te he preparado.

La construcción del yo

El cerebro no percibe la realidad tal cual es, sino que crea una simulación a partir de datos sensoriales, memorias y predicciones. No sentimos directamente nuestro cerebro, pero este genera nuestra experiencia del cuerpo, la voz o el reflejo, todo ello a través de conjeturas imperfectas. Por ejemplo, tu voz grabada te suena extraña, ajena; y los espejos invierten tu imagen. Lo que tú ves es exactamente lo contrario a lo que vemos todos los demás.

Esto evidencia que vivimos en un modelo mental, no en la realidad pura. Incluso el «yo presente» es una ilusión construída a partir de señales corporales que llegan al cerebro a diferentes velocidades, mientras la mente divaga entre recuerdos del pasado y suposiciones sobre el futuro. Es decir, estás sin estar, incluso ahora mismo que, según tú, me estás leyendo.

La memoria y sus fallos

Las memorias, lejos de ser grabaciones perfectas, son reconstrucciones propensas a distorsiones. El proceso de memoria implica codificación, consolidación (a menudo durante el sueño) y recuperación, donde los recuerdos se mezclan con nuevos detalles. Las memorias emocionales parecen vívidas, pero también son falibles. Además, los recuerdos se desvanecen si no se evocan con frecuencia.

Desde la infancia, las historias que escuchamos y contamos moldean nuestra identidad. Según la psicóloga Susan Engel, los niños desarrollan un sentido estable del yo hacia los nueve años a través de narrativas familiares y personales, que se convierten en guiones que definen la percepción de nosotros mismos a lo largo de la vida.

Narrativas y predicción

El cerebro simplifica la realidad en “guiones” manejables, como un editor que trabaja con imágenes borrosas. Estas narrativas, influenciadas por historias culturales como el viaje del héroe, dan forma a nuestra interpretación del mundo. La causalidad es clave: conectamos eventos en cadenas de causa y efecto para predecir el futuro, como una máquina que recalcula probabilidades.

Esto afecta incluso nuestras sensaciones físicas; por ejemplo, tocarse la mejilla de diferentes maneras genera sensaciones distintas porque el cerebro anticipa y modula las señales. Objetos familiares, como un coche, pueden sentirse como extensiones del cuerpo, mostrando cómo el cerebro expande el sentido del yo a través de la predicción.

Autoengaño, disociación y multiplicidad del yo

El yo no es unitario, sino una colección de versiones que varían según el contexto, como las que mostramos en el trabajo o con amigos. La disociación, como sentirse fuera del propio cuerpo, es una capacidad humana natural que permite adoptar múltiples narrativas.

La Teoría de la Mente (ToM, por sus siglas en inglés) nos ayuda a entender lo que otros piensan, pero también nos hace vulnerables a influencias externas. Absorbemos ideas y valores de la comunidad, lo que puede rigidizar nuestra identidad, como se ve en la polarización política. Así, nuestro yo está moldeado por memorias, predicciones y las perspectivas de los demás. Tú no eres tú solamente; eres lo que los demás quieren que seas. Y, a veces, tampoco ellos piden que seas eso por gusto.

El poder de las historias y el autoengaño

Las narrativas no solo dan forma a nuestra identidad, sino que cambian nuestro cerebro. Un experimento de Gregory Berns mostró que leer una novela histórica activa regiones sensoriales y motoras, como si viviéramos la historia. (Por supuesto, si vas a leer una novela histórica, te recomiendo “El tesoro de Cuauhtémoc” que escribí yo y del que puedes leer más aquí).

Sin embargo, debemos elegir cuidadosamente las historias que consumimos, ya que pueden distorsionar nuestra percepción, especialmente si son falsas. Las narrativas de esperanza o miedo moldean cómo nos vemos a nosotros mismos, y la exposición repetida a desinformación puede alterar nuestra realidad.

Reescribir la narrativa

Nuestra vida está marcada por “puntos de inflexión”, decisiones que definen nuestro camino. El arrepentimiento, especialmente por lo que no hicimos, es una herramienta mental para imaginar escenarios alternativos y tomar mejores decisiones. Reafirmar los errores como aprendizajes puede liberarnos del peso del pasado. En lugar de seguir narrativas tradicionales, como el viaje del héroe, podemos adoptar un enfoque inspirado en Platón o Aristóteles, buscando una vida virtuosa y significativa.

Imaginarnos en el futuro, con metas claras, nos permite reescribir nuestra historia con intención, aprovechando nuestra capacidad para anticipar obstáculos y minimizar arrepentimientos.

Para leer más de El autoengaño

En conclusión, The Self Delusion argumenta que el yo es una narrativa flexible, no fija. Al tomar control de nuestras historias, podemos moldear intencionalmente nuestro futuro, logrando una vida más plena y consciente. Te recomiendo leer este libro si quieres ser algo distinto a lo que te han dicho que debes ser.

Si este resumen de El Autoengaño te invitó a leer completo el libro de Gregory Berns, te recuerdo que está disponible impreso, en Kindle, como audiolibro e, incluso, como disco compacto. Puedes pedirlo aquí (y te recuerdo que es una liga de afiliado, por lo que tu compra puede ayudarme, pero mi opinión sobre el texto es independiente de que lo compres o no). Gracias por acompañarme este viernes.


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