Correo lento o Snail Mail: ¿Momento de recuperarlo?

Correo lento

Correo lento

Esta semana me tocó enviar algunos libros hacia Guanajuato. Coticé el envío en varias empresas de paquetería. Y me encontré que la más barata con la premura necesaria era Mexpost. Esta es la empresa de mensajería acelerada a cargo de Correos de México. Casi la mitad de precio que otros competidores con el mismo tiempo de entrega. Así que opté por enviarlo por  ese correo «mejorado». Y estando allí en el Palacio Postal, me entró algo de nostalgia por el «correo lento».

En estos tiempos en que un e-mail llega en cuestión de segundos a cualquier parte del mundo, esperar a que un correo lento (lo que en inglés llaman despectivamente «Snail Mail») llegue a su destino parece un sinsentido. Pero debo confesar que me gustó lo que vi: filas en el Palacio Postal, de personas llevando cartas, postales y paquetes para su envío. No está muerto el correo tradicional.

Cierto, de las decenas de ventanillas apenas había cuatro o cinco abiertas. La mayoría eran o extranjeros enviando postales o personas de la tercera edad enviando cartas. Unos pocos eran jóvenes emprendedores enviando paquetes de productos, muestras de su trabajo o libros.

¿Rescatamos el correo lento?

Estando allí me acordé de una idea que platicamos hace tiempo Verónica Gonsen (@Gonsen), Octavio Lehmman (@olehmannf). y yo en un evento del blog «Asíntotas«. Les conté de ese encuentro en «Asíntotas que sí se tocan«. En la presentación del libro“Sin Dios y sin diablo”  la autora Celia Gómez Ramos (@ctgomezramos)comentó que la idea le había surgido al encontrar las cartas de su difunta abuela que había enviado a un novio con el que no la dejaron casarse. Pero guardó su correspondencia por años. Y la charla discurrió en que sería interesante hacer un libro a varias voces que recopilara cartas.

¿Cuál es la idea? Que cuatro o seis personas -o tal vez más, de preferencia en número par- nos mandáramos cartas. La idea es enviar una y que el destinatario tenga una semana desde que recibe la suya para enviar la respuesta. El responsable del equipo escanea su texto antes de mandarlo y escanea la respuesta. Al cabo de 10 envíos o cuatro meses, lo que ocurra primero, se publican esas cartas en formato de libro.

Esto nos llevaría a tres cosas: Tener un libro que parezca un diálogo -porque de hecho lo es- y que sea manuscrito. Recuperar la idea de la correspondencia entre escritores que antaño fuera famosa. Y si, rescatar la emoción del «snail mail». De que el cartero toque su flauta de Pan en tu puerta al grito de «¡Cartero!»

Les comento que en mi juventud tuve Pen Pals de distintas partes del mundo: Singapur, Alemania, Nueva Zelanda, Canadá, India, Chile… Y por allí debo tener guardadas algunas de las cartas que recibí en su momento. Estamos hablando de finales de la década de 1980. Incluso, con mi amiga neozelandesa intercambiamos cassetes. Pero llegó el Internet y dejamos de enviarnos cartas.

La idea en resumen.

Bueno, pues aquí va la idea: le pido a cuatro o cinco personas que me contacten en el correo del blog o a través de redes sociales. La idea es que a cada una de ellas le enviaré una carta. Tienen una semana para contestarla. Deben recordar que lo que escriban será publicado eventualmente -así que no cuenten secretos graves-. Al cabo de diez cartas o cuatro meses, compilaré las cartas.

Recuerden que parte de la idea es que las cartas se puedan leer como parte de un libro. La lógica es que la escriban a mano, como salgan. Se valen errores, tachones o enmendaduras; faltas de ortografía o redacción. Yo creo que si seis personas se suman al experimento, al menos tres cadenas completas de diez cartas si podemos lograr. Calculen que una buena carta -dependiendo el tamaño de su letra- tiene entre dos y cuatro hojas. Más corta no; más larga tampoco. Debe tomarles una hora semanal aproximadamente. Recuerden que la lógica es que lo que escriban sea publicable, así que no incluyan sus números de cuenta de banco, sus planes de matar a su jefe o sus prácticas sexuales a detalle.

Tal vez la parte más complicada del proceso será… encontrar una oficina postal. ¿Acaso nos veremos en el Palacio Postal para darnos las cartas en la mano? No creo. Pero igual y al final del proyecto si nos reunamos a desayunar en el Sanborns que está enfrente. ¿Les gustaría volver a sentir -o sentir por primera vez- esa emoción de recibir una carta? ¡Escríbanme!

Imagen de hoy: Creative Commons License Austin Kirk via Compfight

3 comentarios

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  2. Ya salieron las primeras cartas. Aún están a tiempo de sumarse al proyecto… Contáctenme para más detalles.

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